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sábado 18 de noviembre 2017

¿Cómo mejorar la relación mamá mayor-hija adulta?

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may 2, 16 • Staff Ser MAYOR

El rol de madre cuando los hijos son pequeños es muy claro. Pero ¿qué pasa con esta relación cuando te has vuelto mayor y tu hija es ahora una mujer adulta?

Por Christian Núñez, psicogerontólogo

Una de las tareas del buen envejecer es generar una relación satisfactoria con todos los miembros de la familia, pero las actividades y las actitudes que las personas 60+ deben tomar con sus hijos no se encuentran tan establecidas como cuando eran más jóvenes. Particularmente, las mujeres mayores se enfrentan a severas dudas sobre cuál es su papel como madres de hijos e hijas adultas.

Cuando se ejerce el rol de madre con una hija pequeña, de modo prácticamente universal la persona actuará como protectora y ofrecerá todo el cariño a la criatura. La cargará arropándola junto a su pecho y le ofrecerá alimento; esta es una forma de actuar incluso instintiva. Pero ¿qué pasa cuando la madre se ha vuelto mayor y la hija es ahora una mujer adulta con responsabilidades y obligaciones propias de su edad?

La red familiar

Los miembros de una familia, desde los más jóvenes hasta los más grandes, son independientes en muchos aspectos (por ejemplo, en la forma en que piensan o actúan), pero a la vez comparten cierta dependencia (sobre todo en el aspecto afectivo), lo cual genera una sólida red de apoyo. Los adultos mayores y los adultos más jóvenes deben entender que tratan con personas con un juicio crítico, capaces de erigir sus propias soluciones y tomar sus propias decisiones. Una relación familiar saludable entre diferentes grupos de edad es aquella que respeta la autonomía de cada miembro.

El rol de las abuelas

Las abuelas que intentan arrebatar el rol de la madre en la crianza de los nietos estarán, por un lado, privándose del goce de los niños (quienes le hubieran asignado un rol conciliador en su familia) y, por otro, procurándose una relación conflictiva con su hija, mermando su autoridad cuando interviene en los castigos, recompensas y obligaciones que deben tener los pequeños.

Cuidados a mamá

Los médicos geriatras establecen que cuando se llega a cierta edad (más de 80 años), existe ya cierta fragilidad. Es entonces cuando las hijas toman un papel más activo en los cuidados de la madre (el hecho de que en general sean más las cuidadoras mujeres que los varones que apoyan en esta área es un fenómeno cultural). Hay dos motivos principales por los cuales procuran estos cuidados: uno es el amor que tienen por su madre, el segundo es una cuestión de reciprocidad: “tú me cuidaste, entonces yo te cuido”.

Cuando se trata de una madre muy cariñosa y afectuosa que dejó claro un amor incondicional por su hija, se favorece la actitud de cuidado; por otra parte, si hubo muchos conflictos y desentendidos, se generan ciertos rencores que pueden favorecer el maltrato de las personas mayores o la sobrecarga del cuidador.

Aceptación mutua

La última etapa del curso de la vida nos ofrece la oportunidad de crecer como personas, perdonar, cerrar duelos que no habíamos tenido oportunidad de trabajar y aceptar a la familia por como es y no por lo que esperabas que fuera.

Si ofrecemos o recibimos cuidados y deseamos convertir este proceso de la vida en una forma de aprendizaje y no en un suplicio, debemos fomentar una actitud de aceptación de la otra persona. Un cambio en el otro de manera espontánea es casi imposible, quien debe dar el primer paso (y tal vez el segundo y el tercero) somos nosotros mismos.

Madre mayor e hija adulta necesitan generar una actitud de conciliación y este será el primer paso para establecer una comunicación más productiva entre ambas.

Para una relación flexible mamá mayor-hija adulta

1. Actúa con mayor sensatez

La idea “yo estoy bien y tú te equivocas” genera riñas en la familia, incrementa las tensiones, fortalece los rencores añejos y reduce los momentos placenteros que podamos pasar con la otra persona.

2. Respeta la autoridad de los demás

La crianza llega a su fin cuando tu hija se vuelve independiente. Ella siempre podrá buscar un consejo o palabras de aliento, pero de ningún modo será una máxima de vida que deba seguir al pie de la letra.

3. Reafirma tu autonomía

Ser una persona autónoma va mucho más allá de usar alguna ayuda técnica (por ejemplo, un bastón o anteojos), se trata de elegir lo que es mejor para ti y construir tus propios caminos. Confírmate a ti misma como una persona autónoma, elige sanar viejas heridas, usar la ayuda necesaria y expresar abiertamente tus emociones.

4. Perdona

¿Cuándo es el mejor día para perdonar a los demás y a ti misma por situaciones del pasado? ¡Hoy! El presente es el único momento que te permite reconciliar y trascender los conflictos añejados.

www.chrisnunezpsicologo.com

 

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