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sábado 18 de noviembre 2017

Mitos y realidades de vivir en una residencia

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may 13, 16 • Staff Ser MAYOR

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Tomar la decisión de mudarse a una residencia no suele ser fácil ni para la persona que lo requiere ni para la familia. Muchas veces se posterga por temor a lo desconocido y por falta de información. Aquí te decimos los mitos y realidades más comunes que existen alrededor del tema para que tengas oportunidad de reflexionar y evaluar bien la situación.

 Espacio

Las residencias son lugares deprimentes en donde sólo hay enfermos. Si me mudo a un lugar así las actividades que realizo actualmente y mis proyectos futuros se terminarían. Sólo esperaría el final de mis días.

Una residencia ofrece espacios de distintos tamaños y características que puedes personalizar. Si ingresas a una, continuarás realizando todas las actividades que desees fuera de la residencia. Por otra parte, la comunidad de residentes estará igual de interesada que tú en tener una vida activa y saludable.

Nivel de dependencia

En las residencias se pierde independencia.

En una residencia se promueve la vida independiente de sus residentes en todo momento. Además tú tienes control de tu espacio, de tus actividades, de tu alimentación —con la asesoría de un nutriólogo—, y de cuándo entras y sales de tu nuevo hogar.

Apoyo y cuidado

Nadie estará cerca para darme apoyo cuando lo necesite.

En una residencia siempre hay personal capacitado y pendiente de las necesidades físicas y emocionales de los residentes; tú puedes escoger entre los diferentes niveles de atención el que más se adapte a tus necesidades.

Desarrollo de actividades

No podré continuar con mis actividades profesionales y sociales.

Podrás seguir trabajando si así lo has decidido, y nada impedirá que continúes con tus compromisos sociales o tus hábitos de entretenimiento. Además podrás hacer ejercicio y aprender cosas nuevas gracias a las actividades y talleres que ofrecen las residencias.

Familia

Si me mudo a una residencia me alejaré de mis seres queridos.

Puedes visitar a tu familia y amigos cuando quieras, igualmente ellos te podrán visitar cuando lo deseen. Esto sin contar las opciones de conectividad que te brinda una residencia y el ensanchamiento de tu red social, pues conocerás a mucha gente dentro de ella.

Mascotas

En una residencia no puedo vivir con mi mascota.

En algunas residencias se admite el ingreso de mascotas de raza pequeña, además de que brindan servicios para su cuidado.

Alimentación

Tendré que ingerir alimentos que no me gustan.

En una residencia se ofrece una amplia variedad de alimentos que pretende no sólo ser saludable, ¡también se busca que sea deliciosa!

Reuniones

No podré organizar reuniones, ni convivir con otras personas además de los residentes y el personal.

En una residencia puedes organizar reuniones de trabajo, o con familiares y amigos, en las áreas asignadas para este propósito, en sus espacios abiertos o tu propio espacio. Igualmente habrá actividades a las que puedes llevar invitados.

Invitados

Nunca podré invitar a alguien a quedarse conmigo una noche.

Tus invitados podrán pasar una noche o más en la residencia, sólo deben seguir sus políticas de hospedaje.

Seguridad

Las residencias son lugares incómodos e inseguros.

En una residencia se cuida al máximo la seguridad de sus residentes, ya sea a través de pisos especiales que evitan caídas y resbalones, de mobiliario apropiado para tus necesidades o de personal que en todo momento está velando por tu seguridad.

Costo

No me mudo a una residencia porque es muy caro el servicio.

Los gastos de mantenimiento, limpieza, lavado, planchado, jardinería y alimentación diaria en un departamento o casa se encuentran incluidos en la mensualidad de una residencia, ¿por qué no hacer un comparativo entre lo que gastas y lo que cuesta el servicio de una residencia? Quizá no resulta tan barato seguir en casa. Además, en una residencia recibirás atención médica periódica, y tendrás varias opciones de actividades físicas, culturales y recreativas.

Edad

Soy muy joven para vivir en una residencia.

Hay residencias que reciben a personas que quieren vivir una tercera edad activa e independiente ¡desde los 55 años!

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