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jueves 23 de noviembre 2017

Adriana Luna Parra: psicóloga, luchadora social y abuela rebelde

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ago 2, 16 • Staff Ser MAYOR

Política, luchadora social, psicóloga y abuela activa son algunos de los roles que ha asumido Adriana Luna Parra para defender los derechos humanos y profundizar en uno de los temas que más le apasionan: la feminización de la vejez y la transformación de este concepto en algo que vaya más allá de los estereotipos.

Por Alix Delgado

Adriana, has luchado a favor de muchas causas, pero uno de los temas que más te interesa es la feminización de la vejez, ¿de qué se trata?

Nuestra cultura ha asignado a mujeres y hombres roles distintos, de modo que su proceso de envejecimiento es diferente. Para las primeras, se reserva el papel de cuidadoras; en cambio, a los hombres se les inculca que deben tomar decisiones, llevar una vida fuera del núcleo familiar, así que crean un marco social más amplio, mientras que las mujeres tienen que circunscribirse al hogar y al envejecer se sienten mucho más desprotegidas y vulnerables, pues no han generado metas, ni vida propia, ni control de su tiempo.

La feminización de la vejez consiste en atender este proceso con mirada de mujer, considerando la vulnerabilidad dada por la edad, pero sumada, o multiplicada, a la de género.

¿Cómo inició tu lucha por la feminización de la vejez?

Empecé a sentir interés por resignificar la vejez hace unos 15 años, cuando escuchaba a mis amigas —dirigentes, académicas, activistas, etc.– avergonzarse de ser viejas. Me di cuenta de que era necesario transformar el concepto y de que ahora mi camino era luchar por este sector.

El primer reto era evitar la autodiscriminación. Cada cana representa experiencias, amores, luchas, vida, sin embargo, mis amigas se quitaban los años, se negaban a sí mismas. Si no nos reconocemos, ¿cómo vamos a luchar por nuestros derechos?

Entonces es necesario que las abuelas asuman nuevos roles…

La remodelación de roles es fundamental. Cuando somos niñas aprendemos a cuidar a nuestras muñecas, a servir “la comidita”, es decir, aprendemos que nuestro rol social se basa en los otros, no en nosotras mismas. Cuando somos madres, el cuidado y la educación de los hijos depende de nosotras, pero cuando somos abuelas debemos permitir que los hijos eduquen a los nietos.

Tenemos que aprender a remodelar nuestros roles y entender que la abuelez consiste en disfrutar de los nietos —en hacerles saber que uno es un pilar al que pueden acudir cuando tienen un problemas—, no en cuidarlos, ni educarlos, porque invadimos el papel de los hijos. Reaprendamos que valemos por ser personas y que es una obligación disfrutar nuestra vida. Las abuelas hemos abandonado muchas metas pendientes por cuidar a otros. Es momento de aprender, debe ser una constante establecer nuevas metas afectivas, de desarrollo y, por qué no, nuevas metas amorosas.

¿Cómo vivir una abuelez plena Adriana?

Disfrutando a los nietos, como ya mencioné. Yo tengo desde un nieto de siete meses, hasta una nieta de 19 años y es maravilloso ver cómo crecen. Ser abuela es una delicia, es un renacer a cada momento.

¿Cómo combatir los estereotipos que giran en torno a la abuela?

Entendiendo que son estereotipos y reivindicando la palabra vejez. Las personas dicen: “yo no soy viejo”, pero sí somos viejos. “No digas que eres vieja”, me dicen mis amigas, ¡sí soy vieja! Pero una vieja a todo dar, rebelde, con metas, luchona, participativa, estudiosa, que quiere un mejor país para sus nietos, que lee el periódico todas las mañanas.

¿Y qué tipo de abuela eres Adriana?

Eso habría que preguntárselo a mis nietos, pero yo creo que soy una abuela divertida, que reconoce los derechos sexuales y reproductivos, que dice “anda, pero cuídate y sé responsable de tus placeres”; una abuela que lucha por sus derechos sexuales y que no los reprime, que lucha por la interrupción legal del embarazo, por el derecho al amor entre personas del mismo sexo.

Adriana, te pido un mensaje final para las lectora y lectores de Ser MAYOR…

Yo quisiera que todas las abuelas y los abuelos formáramos un ejército de canas rebeldes y lucháramos en contra de los estereotipos que nos amarran. Si desamarramos nuestros nudos, desamarramos los de los demás y podremos tener sociedades más armónicas. Imaginar que cada niño del mundo es tu nieto o tu nieta otorga otra perspectiva. Caminemos juntas y juntos en esta transformación cultural. ¡Vivamos felices!

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