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jueves 25 de mayo 2017

Paloma Woolrich: Esta es la mejor edad

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ago 18, 16 • Staff Ser MAYOR

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En el lugar donde entrevistaríamos a Paloma Woolrich nos abre la puerta una mujer amable, delgada y sonriente. Es Paloma, actriz versátil que lo mismo la hemos visto en telenovelas como Mirada de mujer que en obras de teatro como Wit, donde no tuvo reparos en raparse la cabeza para dotar de verosimilitud a su personaje, una mujer con cáncer terminal.

Nos invita a pasar. Su nieta la sigue a todos lados, Paloma la escucha con atención, le da algunas instrucciones. Su relación es de lo más entrañable. La pequeña permanece siempre con nosotros, al lado del equipo de producción.

Paloma es una mujer preocupada por el país. Está plenamente consciente de los conflictos que vive la Ciudad de México y el territorio entero, pero guarda también un espacio para la reflexión en torno a su oficio, la edad y otros temas deliciosos, como su entrañable relación amorosa. Dan ganas de quedarse a platicar varias horas con ella.

Por Omar Montero

Fotografías: Mariana Hernández

Paloma, ¿sientes predilección por el teatro o la televisión?

Por el teatro, ahí es donde me formé, donde crecí. Me ausenté un tiempo porque comencé  a trabajar  en televisión, en Mirada de mujer, y así pasaron varios años. Pero últimamente no he parado de trabajar en teatro. Cuando la obra está presentándose es una delicia. Cada función es única, nueva. El teatro está vivo.

¿Y por algún género?

Me encanta hacer comedia porque es un gozo la reacción inmediata del público. Pero también me gusta el drama, lo profundo, lo doloroso, el conflicto humano. En Wit teníamos ambas. A pesar de que la obra hablaba de una mujer con cáncer, el personaje tenía un humor increíble —ácido, negro, muy inteligente—.

¿Sientes especial aprecio por alguno de tus personajes?

El personaje de Wit, Vivian Bearing, ha sido el reto de mi vida, como actriz y como persona. Trabajé muchísimo y es el que más satisfacciones me ha dado. Admiro y respeto a Diego del Rio por su dirección, un chico de 28 años, un ser de luz. Me dirigió palabra por palabra, gesto por gesto. Fue preciso e impecable en todo el proceso, me ayudó a creer que podía hacerlo.

Todo era nuevo para mí. Hacer un personaje tan difícil en su estructura mental y tan supuestamente alejado de mi persona: una mujer soberbia, vanidosa, erudita, rígida, solitaria. Yo pensaba “¿dónde voy a encontrar todo esto?”, pero autoexploré y lo encontré.

¿Un actor está siempre trabajando? ¿Observando, aprendiendo?

Sí, yo viajo mucho en Metro, en Metrobús, en bicicleta, voy y vengo caminando. Julio Castillo siempre nos decía “observen, no vivan sólo en su burbuja, vean a la gente, todos somos ricos en expresiones, somos personajes”. Uso lo que observo —una mirada, una actitud— para llenar mi archivo con imágenes que tarde o temprano me ayudan a crear un personaje.

¿Cómo cuidas tu cuerpo, cómo cuidas tu mente?

Voy y vengo a los ensayos y a las funciones en bicicleta, cuando no me quedan muy lejos. Pero sobre todo, cuido la mente, que puede enfermar el cuerpo. Así he logrado controlar mi colitis y mi gastritis.

Mis hijos (él se graduó como actor, pero ahora es psicoterapeuta; ella es psicóloga) me han dado unas herramientas increíbles para ser menos aprensiva, para tener control sin reprimir mis deseos, limpiando el camino de toda la basura que revolotea en mi cabeza. Son demasiadas las cosas que te impiden enfocarte en lo racional. He aprendido a sentir paz, mucha paz. Para mí esta es la mejor edad, sin tantas angustias. Hoy puedo decir que mi vida es más gozosa.

¿Qué has ganado con la edad?

Paciencia, tolerancia, desapego. Y el gozo de estar con mi nieta es algo insólito. Cuando mis hijos eran pequeños yo estaba en plena búsqueda, muy acelerada. Estaba más en lo exterior que en lo interior. He ido aprendiendo a disfrutar el momento. Cuando mi nieta está, estoy realmente con ella. Me llena de vida y de asombro. Me conecta con la fantasía, con el juego, nos reímos juntas. No puedo más que agradecer a la vida.

Y la otra ganancia es la experiencia. Ya me considero actriz, pertenezco al escenario y eso me hace muy feliz porque en ese espacio es donde me siento más tranquila, donde puedo rendir y producir más, intuyo mejor por dónde abordar a los personajes, me angustia menos complacer o impresionar. Cada obra propone mundos diferentes, retos, pero ya no me angustia. Sólo disfruto, amo mi trabajo.

La edad me ha dado un piso sólido pero flexible que me hace pensar siempre en el aprendizaje. Ya no tengo la energía que tenía a los 30 o 40 años, pero no me rindo, lo acepto y lo resuelvo descansando. Sé que estoy en cuenta regresiva, soy consciente de ello. Por supuesto que quiero ver crecer a mi nieta, pero sé que la vida se termina y lo acepto, cada vez más. Es parte de la vida.

¿Qué has perdido?

He perdido fuerza física y he ganado achaques, no muchos. Pero la vida ha sido muy generosa conmigo, tuve la suerte de encontrarme con Jaime Katzew, un hombre maravilloso. Durante diez años fuimos novios y no fue un flechazo hormonal, nació y se construyó un amor sin conflictos, basado en la confianza, en los actos, no en las palabras. Además de la de mis hijos, es la enseñanza amorosa más importante en mi vida. Aprendí que el otro pensara diferente. Aprendí tolerancia y aceptación. Lamento profundamente que ya no esté físicamente, fue un gran regalo de la vida.

¿Cómo es tu relación con los más jóvenes, con los más grandes?

Alguien a quien admiro profundamente es a Ana Ofelia Murguía, una actriz de niveles increíbles. Ojalá llegue yo a esa edad, con esa capacidad y ese talento.

Y de los jóvenes admiro su audacia y aprendo muchísimo, de Diego del Río, a quien ya mencioné; de Alonso Íñiguez, que me dirigió en Hipopótamiga, una obra preciosa que habla de la amistad entre dos mujeres mayores, de la solidaridad, de ser joven de espíritu.

¿Qué mensaje enviarías a las lectoras y lectores de Ser MAYOR?

Que hay que celebrar lo que hemos vivido, lo que nos ha regalado la vida, la familia que tenemos, el amor que hemos dado y recibido. Sufrir y victimizarnos sólo nos aleja de los seres queridos, de la vida. Me declaro en contra de la depresión, no aporta, no ayuda. Nos hunde.

La vida hay que vivirla plenamente porque es maravillosa y muy corta. Uno se da cuenta cuán corta es cuando llegas, como yo, a los 63 y te preguntas “cómo es que pasó tanto, tanto tiempo? Vi a un gran amigo el otro día, ¡tenemos más de 50 años de amistad!

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