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domingo 24 de septiembre 2017

Sebastián, escultor

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jul 1, 16 • Staff Ser MAYOR

Geometría para crear; metal para forjar; pasión para materializar los sueños.

El propio Enrique Carbajal “Sebastián” lo dijo, la escultura monumental no es una cuestión faraónica, es un espacio que conmemora, recuerda, revive y provoca un soplo emotivo en el espectador. Esto es lo que nos comparte el inquieto artista plástico a través de obras que han pisado tantas latitudes como disciplinas, y que le han merecido numerosos reconocimientos a nivel mundial por hacedor y poseedor de un lenguaje sui géneris, articulado en la geometría y las matemáticas.

Entrevista: Alix Delgado

Fotografías: Jorge Rodríguez

Desde muy joven mostraste inquietud por el arte, por la pintura, gracias al trabajo de David Alfaro Siqueiros, pero en la Academia de San Carlos te decidiste por la escultura, ¿cómo fue esta transición?

Llegué a la Academia de San Carlos a estudiar Artes Plásticas. El primer taller al que entré fue de pintura, el maestro que lo impartía me borró con aguarrás mi primer autorretrato porque decía que no veía el color. Me molesté tanto que me fui a la clase de escultura y nunca regresé. Así empecé mi carrera como escultor, aunque también he pintado, grabado, hecho arquitectura, diseño de modas, orfebrería, etc., todo lo que tiene que ver con la geometría, que he utilizado para atacar disciplinas constructivas dentro de lo creativo.

¿Cómo llevar el amor por las matemáticas y la geometría al campo de las artes?

Una vez que me decidí por las matemáticas y la geometría como lenguaje para llegar al fin plástico, fue sencillo. No estoy diciendo que sean fáciles, pero con un buen lenguaje uno puede decir cualquier cosa sobre la contemplación de la naturaleza.

¿Qué características tiene el lenguaje de Sebastián?

Es como tener un lenguaje que parte de las letras. Los poetas escriben con sílabas, palabras y frases, yo empecé a escribir esculturas, a definir cosas de dos, tres y múltiples dimensiones. Gracias a las matemáticas y la geometría pude hacer un lenguaje codificable.

¿Por qué la escultura monumental?

Cuando creé mi propio lenguaje, hice mis “transformables” —modelos matemáticos hechos escultura—, después de ellos empecé a pensar cuál era la esencia que yo quería dejar como huella. Pensé qué era lo más fascinante de la historia del arte y concluí que, desde las cavernas hasta nuestros días, el hombre ha tenido la necesidad espiritual de expresarse a través de grandes hitos, de espacios para no perderse, para conmemorar o simplemente para decorar; elementos escultóricos monumentales que se vuelven símbolos para enaltecer el espíritu del hombre. Y entonces vemos los dólmenes, los menhires, las puertas de entrada a las ciudades, elementos que partieron de la arquitectura y se convirtieron en monumentos conmemorativos o escultóricos, en un entorno desligado de lo funcional.

A partir de entonces me he dedicado a realizar íconos monumentales, que ya son imágenes o símbolos en muchas ciudades del mundo, para que el que pase por ahí suelte un suspiro o una emoción.

En todos estos años de experiencia y trabajo, ¿cuál ha sido tu mayor satisfacción?

Hacer mi trabajo con una pasión extrema y tener mi vocación muy clara. En todas mis piezas he entregado amor, cariño, dedicación, hasta sufrimiento y también un placer enorme, una vez concluida la obra. También ver muchos momentos soñados hechos realidad.

Además de dedicarse a lo artístico, ¿qué más hace Enrique Carbajal “Sebastián” en su día a día?

Soy un artista de tiempo completo, sólo pienso en eso, podría ser aburrido o enajenante, pero una manera de que no lo sea es descansar haciendo adobes. Por eso toco muchas disciplinas, de repente estoy metido en una obra arquitectónica, y brinco a diseñar un desfile de modas o a hacer grabado. Acabo de terminar una obra de 65 metros, el Guerrero Chimalli en Chimalhuacán, en enero me voy a Phoenix a hacer una edición de grabados, en mayo a exhibir joyería en Paris, siempre estoy inventando cosas. Es una manera de recrearme.

Sebastián, ¿qué reflexión haces en torno a tus 60+?

Tengo 67 años y puedo decir que en el momento en que uno se aburre y deja de crear, está muerto. Lo que me mantiene joven es tratar de descubrir nuevas cosas, cansarme de lo hecho y dejarlo, empezar de cero y esforzarme por encontrar algo diferente. En la naturaleza siempre hay algo para tomar y transformarlo, eso ha pasado en los últimos años. Estoy en una etapa de definir toda mi producción escultórica-científica. Hace dos años empecé con la geometría cuántica, este año exhibí sobre la teoría de nudos y estoy entrando con otro tipo de geometrías, pero dentro de una cosa más compleja, como medio para llegar a mis modelos escultóricos.

“Me gustaría una escultura cósmica que estuviera en el espacio flotando, que lanzara mensajes lumínicos y que sirviera de ícono, de hito para que cuando pasaran las naves por ahí, supieran en qué zona están ubicadas. Sería muy bonito, pero Dios no da alas a los alacranes”.

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