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jueves 25 de mayo 2017

Tenemos la edad en la cabeza y el corazón

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jul 1, 16 • Staff Ser MAYOR

Entrevista al actor Carlos Ignacio

Carlos Ignacio Zaragoza Mora tiene 65 años de edad y casi 50 de trayectoria artística. Sus interpretaciones en cine, teatro y televisión lo han convertido en un actor querido y respetado. Su debut televisivo lo hizo en 1960, en la telenovela Los Caudillos. En 1970 participó en el programa La cosquilla, de Raúl Astor. Luego vinieron los éxitos: Odisea Burbujas, El tesoro del saber, Hogar dulce hogar, No empujen y Anabel. En teatro ha trabajado en más de 50 puestas en escena y ha actuado en más de 80 telenovelas. Actualmente interpreta a Arthur Edgar en la obra Extraños en un tren. A pesar de sus múltiples ocupaciones, se da tiempo para compartir con Ser MAYOR aspectos importantes de su carrera y su vida a los 60+.

Texto y fotos: Laura Olmos

Capulina fue una figura importante en mi carrera

Eran los años 60 cuando un joven extrovertido, de 16 años, le pidió a Gaspar Henaine “Capulina” una oportunidad para participar en su programa de televisión Cómicos y canciones. En ese entonces Capulina ya se había separado de su compañero de fórmula —Viruta— y actuaba solo.

“Iba al set y le pedía trabajo cada que podía, pero en ese momento no permitían que niños o jóvenes actuaran en televisión; incluso el Sr. Ernesto Alonso me decía: ¡espérate a crecer. No eres niño ni eres adulto! Aún así, Gaspar me ayudó. Cuando hacía un programa de boys scouts, él me daba trabajo del jefe de éstos o del grumete del barco de piratas. Fue mi padrino en cine. La primera película que hice con él se llamó El Nano; muchos años después compartí con él un papel estelar en la cinta Mi compadre capulina. Lo quise mucho.

Él me nombró el dominorero a partir del día en que le regalé una miniatura de dominó hecha de hueso, herencia de mi padre. A Gaspar le encantaba jugar dominó. Yo le decía ¡Ándele! Para que haga trabajar los ojitos. Las fichas eran muy pequeñitas y más bien eran de colección”.

Lo que más admiro de un actor es su versatilidad y credibilidad

Carlos Ignacio nos muestra sus fotografías con los más afamados personajes de la televisión. Mi pregunta gira entorno a lo que significa trabajar con gente de esa talla y lo que más admira de un actor.

“Trabajé con Gloria Marín, Enrique Álvarez Félix, Alicia Montoya, David Reynoso; con mi entrañable amiga Evita Muñoz “Chachita”; con nuestra novia de México, Angélica María, y con doña Marga López, mi comadre. Actuar con ellos fue maravilloso, pero me exigió mucho compromiso.

De niño quería ser como Joaquín Pardavé, Fernando Soler, Enrique Rambal y José Manuel Gálvez. Lo mismo hacían reír que llorar. Les creías cuando interpretaban a un árabe, a un español o a un norteño. En teatro, José Gálvez hizo todos los clásicos: Macbeth, El Rey Lear, pero también lo veías como Pepe Ton en Hogar Dulce Hogar. Era tierno y te morías de risa. ¡Eso para mí es un actor! No uno bonito, con estómago de lavadero, que habla con voz pareja y a la hora de actuar no le crees si está triste, enamorado o contento porque todo lo dice igual”.

Mi madre siempre insistió en que tuviera un paracaídas

En su etapa de juventud, Carlos Ignacio estudió una carrera universitaria a petición de su madre, quien a la par de apoyarlo en hacer lo que más le gustaba en la vida,  la actuación, también lo incentivó para que tuviera una profesión de la cual valerse si algo no salía bien.

“Ella siempre me dijo: ten un paracaídas; no me gustaría verte vendiendo libros de puerta en puerta. Me recibí como Licenciado en Administración de Empresas, pero seguía actuando. Cuando terminé, le entregué su título y le dije: ahora me dedico a lo que me gusta. A ver si la hago. Y aquí estoy. ¡Disfruto muchísimo mi trabajo y encima me pagan!”.

Ser un actor experimentado no exime de buscar trabajo

Tener una trayectoria actoral de casi 50 años no suele ser sencillo, por eso le pregunto a Carlos Ignacio cómo se mantiene vigente después de tantos años. “Perseverancia. Desde que inicié en esta carrera asimilé que en este país, además de demostrar quién eres con tu trabajo, es necesario hacerte presente con los jóvenes que ingresan al ambiente: productores de teatro y televisión. Suele pasar que muchos de ellos no te conocen, entonces vas y les llevas tu currículum”.

¿Cómo es la relación entre productores jóvenes y actores maduros, consagrados?, le pregunto. “A veces cercana, otras impersonal. Muchos crecieron y se formaron en Estados Unidos. Al regresar a México trajeron nuevas técnicas, un nuevo empuje, pero no conocen a los actores mayores porque no veían televisión latina. Toda mi carrera la hice en la televisión mexicana, entonces a algunos hay que mostrarles el currículum con todo y CD. Cuando se dan cuenta de tu trayectoria te dan cabida en su proyecto. Estamos viviendo una época muy de jóvenes y a los mayores nos hacen a un ladito. Considero que la gente de edad puede aportar experiencia y tiene muchas historias que contar”.

“Nunca me he considerado un viejito. Siempre estoy acelerado. Me gusta llevarme con la gente joven y seguirles el ritmo. Me divierto mucho. Ahora que trabajo en una obra de teatro con un equipo de talentos jóvenes hemos aprendido mucho, ellos y yo. Por mi parte les hago ver algunas cosas que omiten. Muchas veces se enfocan más en la técnica y en la intensidad que en dar credibilidad a los personajes. Actuar debe hacerse con naturalidad. Que la gente vea en ti a otro. No a una persona tratando de hacer a un personaje. Me gusta enseñarles lo que he vivido y las técnicas”.

Renovarse o morir

Carlos Ignacio considera que para adaptarse a los nuevos cambios tecnológicos hay que ser receptivo, estudiar e innovar constantemente. “En Odisea Burbujas fui parte de un equipo innovador. Antes no se usaba tanto el croma y nosotros, de la mano de Enrique Segoviano y Silvia Roche, fuimos pioneros en usarlo. El resultado fue un programa maravilloso que la gente recuerda con cariño. Después se utilizaron otros recursos de computadora, pero los niños ya estaban en otro canal y ya no tuvo el mismo efecto. A los jóvenes hay que hablarles en su idioma y a su nivel. ¿Cómo? Actualizándote.

Cuando te sientas en el sillón a ver la tele, te entumes y ahí te quedas

En todo el tiempo que estuvimos en su casa, el actor subía y bajaba las escaleras con una gran agilidad. No paraba de contar anécdotas que siempre concluía de forma divertida. Por eso le pregunto cómo se mantiene activo y saludable.

“Me río de mis desgracias. No me tomo tan en serio los problemas ni las alegrías. Como dice el dicho: si tiene solución, para qué te angustias; y si no tiene, para qué sufres. Hago ejercicio. Me gusta conservar la flexibilidad. Es cierto que he perdido un poco de resistencia: antes corría y daba maromas como loco y ahora hago la mitad, pero las sigo haciendo, aunque a veces el doctor lo prohíba”.

Carlos respira y se da un espacio para contar una anécdota: “hace dos años, en El enfermo imaginario de Moliere, daba una maroma para atrás. Mi papel era el de un viejito de casi 90 años, hipocondriaco, que se peleaba con todo mundo. Le dolía todo y en realidad no tenía nada, eran mañas. En una parte de la obra le daba un patatús y se lo llevaban a la cama. Como no quería acostarse se aventaba al suelo y daba una maroma para quedar frente al público, que moría de risa; la bata volaba; era todo un show y yo me divertía mucho.

Un día me dolió el cuello, fui al médico y le pregunté si la torcedura pudo ser ocasionada por la maroma. Con cara de asombro el doctor me preguntó ¿Qué maroma? La maroma que… Me interrumpió: ¿ya se te olvidó cuántos años tienes? Podrías provocarte un esguince en las vértebras. Carlos Ignacio imita la voz y cara que le puso al médico: ¿a poco ya estoy tan cascabel? Regresa a su voz y enfatiza: me quitaron mi maroma ¿tú crees? Pero las sigo dando para adelante, no tienes que usar el cuello. Para atrás sí era peligroso” (Sonríe).

La mentalidad es importante para mantenerse pleno

“Si uno repite las frases: estoy viejo, acabado, me veo ridículo, el cuerpo lo resiente. ¡Las personas tenemos la edad en la cabeza y en el corazón. Si te gusta bailar, ¡hazlo! No sólo tuviste buenos tiempos antes, los buenos tiempos son todos. ¿Te gusta la música? Escúchala ¿Te gusta viajar? Junta tu dinero y ve a conocer lugares. Nuestro país es maravilloso. Si no tienes mucho dinero, recorre las colonias de México. Sal a pasear, no te quedes rumiando y recordando las tristezas. Disfruta la edad que tienes con una mentalidad positiva”.

A los hijos hay que apoyarlos a cualquier edad

La madurez de Carlos Ignacio le llegó al lado de su esposa. Ambos tienen ahora 32 años de matrimonio y 37 de conocerse. Tienen un hijo de 29 años y viven una paternidad forjada a base de confianza, respeto y amor. “Siempre he sido su amigo, platicamos mucho; él me cuenta sus problemas. A los hijos hay que apoyarlos en las decisiones que tomen y orientarlos. Ya los guiaste, les diste educación, bases morales; ahora aconséjalos y déjalos decidir. No hay quien experimente en cabeza ajena. Déjalos chocar contra la pared, pero enséñales a levantarse; a tener el valor y la ansiedad de ir en busca de cumplir sus metas”.

No hay que deprimirse sino seguir luchando

Uno de los problemas más fuertes a los cuales el actor se enfrentó hace algunos años fue de tipo legal, con un familiar que lo despojó de su domicilio. El apoyo del resto de su familia y amigos hicieron que Carlos superara este enorme desafío. “No es bueno deprimirse, al contrario, hay que luchar por la familia y salir adelante; aceptarlo, asignárselo a profesionales y no perder la concentración en nuestro proyecto de vida. Solventar esa pérdida con cariño y alegría.

Los amigos son importantes; son la familia que uno escoge. La familia real nos tocó y a veces no nos apoya como esperaríamos. Un buen amigo está con nosotros, nos da la mano y un hombro. Uno de mis mejores amigos es Lalo el Mimo, Eduardo Meza de la Peña. Siempre convivimos y nos procuramos. La amistad es una de las cosas más importantes en la vida”.

Me gustaría ser recordado como…

Para finalizar la entrevista le pido a Carlos Ignacio que nos cuente cómo quiere ser recordado y cuáles son los proyectos y nuevos retos que vienen. “Como un buen ciudadano, alguien que dio su vida por divertir a la gente, por hacerla pasar un rato agradable. Dentro de mis próximos retos está hacer una comedia musical. Es lo único que me falta. He hecho casi todos los géneros: farsa, astracán, gran guiñol, melodrama, drama, comedia, alta comedia. Nada más me falta una verdadera comedia musical”.

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